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domingo, agosto 16, 2026

«Corregir con Amor: La Disciplina que Edifica»

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Por: Luis Sandoval

Pastor Colegio Bautista San Salvador

Proverbios 13:24. «El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; más el que lo ama, desde temprano lo corrige».

Queridos padres y madres de familia: Hace poco, una mamá me compartió con lágrimas en los ojos: «Pastor, mi hijo de 15 años me gritó ‘¡Odio esta casa!’ y se encerró en su cuarto. Me quedé paralizada por esto… ¿en dónde cree que fallé?».

Quizá ustedes también han vivido momentos así. La adolescencia en San Salvador trae retos únicos: presión de grupos, redes sociales que distorsionan la identidad, y esa lucha interna de nuestros hijos por encontrar su lugar en el que no aceptan figuras de autoridad.

Hoy quiero abordar una verdad incómoda pero liberadora: demostrar el amor a un adolescente incluye, necesariamente, la corrección amorosa. No es algo opcional. Es un acto de fidelidad a Dios porque fue ÉL, en su sabiduría infinita y en su voluntad soberana quien nos concedió este privilegio de ser padres de familia de estos niños y niñas.

En el mundo entero, Dios no encontró mejor papá ni mejor mamá que ustedes para sus propios hijos. De no haber sido así, los hubiera enviado a nacer en otra parte del mundo, de otros papás y mamás.

Proverbios 13:24 nos desafía: «El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige». Esta palabra «castigo» en hebreo no significa golpe ni humillación; significa disciplina formativa.

Es la diferencia entre decir «¡Eres un desobediente!» (que destruye) y «Tu comportamiento lastimó a tu hermana; hablemos de cómo repararlo» (que restaura).

¿Por qué la corrección es una muestra de amor en la adolescencia? Porque nuestros hijos están construyendo su carácter para la adultez. Y en esta etapa crítica, tres principios bíblicos nos guían:

Primero: Corregir con el adolescente, no destruir. Efesios 6:4 advierte: «Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos». La corrección que humilla, que compara con otros, que estalla en gritos frente a sus amigos… esa no es amor; es descarga de estrés.

El amor corrige en privado, con calma, mirándolo a los ojos. En lugar de: «¿Otra vez llegaste tarde? ¡Eres un irresponsable!», probemos: «Hablemos. ¿Qué pasó hoy? Necesito entender para ayudarte». La corrección amorosa busca comprensión, no sumisión forzada.

Segundo: La corrección debe ir acompañada de conexión emocional. Un adolescente corregido sin conexión previa solo oye crítica. Pero un adolescente que sabe que es amado antes, durante y después de la corrección, recibe la enseñanza.

Nuestro Señor Jesús modeló este tipo de corrección: confrontó el pecado de la mujer adúltera, pero primero la protegió de la condena pública y le dijo: «Tampoco yo te condeno; vete y no peques más» (Juan 8:11). Notemos el orden: primero seguridad, después la corrección… ¿Sus hijos saben que su amor por ellos no depende de su comportamiento?

Tercero: Corregir con esperanza, no con desesperanza. Hebreos 12:11 nos recuerda que «la disciplina al presente no parece ser de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia».

Cuando corregimos, debemos apuntar al futuro: «Hoy hablamos de esto porque confío en que serás un hombre de integridad» o «Te corrijo porque sé que puedes tomar mejores decisiones». La corrección sin esperanza produce rebeldía; la corrección con visión de futuro forma carácter…que es el conjunto de cualidades que distingue, por su modo de ser u obrar, a una persona entre las demás.

Padres y madres de familia, en medio del tráfico de la Carretera Panamericana, del Boulevard Venezuela, de la Décima Avenida Sur, la Avenida El Cocal y la Avenida Cuba… en medio de las presiones económicas y el estrés diario, es fácil reaccionar con gritos o, peor aún, con indiferencia.

Pero hoy, Dios nos invita a que transitemos por un camino más alto: el que nos trazó y demostró el Padre Celestial que «al que ama, disciplina» (Hebreos 12:6), pero nunca retira su presencia.

Reto práctico para esta semana: La próxima vez que necesite corregir a su hijo adolescente:

Respire profundo (maneje su propio estrés primero) Hace años había un anuncio que decía: «cuenta hasta diez», antes de hacer o decir algo que dañe a los demás.

Pregunte antes de juzgar: «Ayúdame a entenderte».

Corrija el comportamiento, no la identidad.

Cierre con un gesto de conexión: un abrazo, una oración juntos, o simplemente: «Te amo, y siempre estaré aquí».

Oremos: Padre amoroso, tú que nos corriges con paciencia infinita, enséñanos a amar a nuestros hijos adolescentes con tu misma sabiduría…

Danos manos firmes, pero corazones tiernos; palabras que sanen, aunque duelan; y la fe para creer que, sembrando disciplina con amor hoy, cosecharemos hombres y mujeres de carácter mañana.

Papás y mamás: Que el Señor los fortalezca en esta hermosa y desafiante misión de guiar corazones adolescentes hacia Él. ¡Así sea!

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