martes, abril 23, 2024
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Villalta, la marca de una mujer emprendedora que construyó su propio futuro

Los obstáculos fueron oportunidades de crecimiento; su esfuerzo y sacrificio tuvo, después de todo, su recompensa. Es Licenciada en Ciencias Jurídicas, Ahora, es una de las mayores distribuidoras de la marca Danna, proyecto que le ayudado a tener libertad financiera, ser su propia jefa, dedicarles tiempo a sus hijos, e incluso, estudiar Marketing Digital y hacer crecer su negocio. Te invitamos a leer la historia de Joselin Liseth Villalta, madre, profesional y emprendedora.

Redacción y fotos: Arely S.

Detrás de una gran mujer, siempre existe una historia que la convirtió en guerrera. La historia de Joselin Liseth Villalta de Jiménez, una joven de 30 años, la cual puede parecerse a otras en este país, pero como todo en la vida, las decisiones que se toman puedan cambiar el rumbo y construir un futuro.

Su necesidad por generar ingresos extras para terminar sus pasantías y poder graduarse de la universidad, la impulsaron a convertirse en una emprendedora. Inició con poco, vendiendo panes con frijoles, maquillaje, aprendió bisutería y, en temporada decembrina, vendía ropa; la idea siempre era, generar ingresos extra.

Así fue como en 2019, decidió crear una página en Facebook. Villalta, como la conocen sus amigos cercanos afirma que, en ese tiempo, no tenía ni idea de cómo tomar una buena fotografía, tampoco de iluminación, ni de la forma cómo presentar el producto para promocionarlo y venderlo.

Pese al poco conocimiento en el tema, su afán por llevar el sustento a su casa y cumplir su sueño de tener su propia boutique, darle la oportunidad de empleo a otras personas para que atendieran su tienda y ella, dedicarse en su mayor parte del tiempo, a su hijo, la motivó a continuar buscando alternativas para promocionar su página y vender nuevos productos.

En ese tiempo, cuenta la joven madre, su esposo tenía dos trabajos. Como maestro de música trabajaba en una escuela pública y destinaba otras horas en un colegio; sin embargo, el inicio de la pandemia por el COVID-19 y la cuarenta, les cerró a ambos la posibilidad crecer.

Recuerda que a su esposo le informaron que ya no necesitaban de sus servicios en el colegio, debido a que los estudiantes no asistían a clases y, en la escuela, lograron mantenerle un salario de $150 mensuales.

Y, por si fuera poco, a aquella mujer luchadora, perseverante y proactiva, de tez morena, también le informaron que debía hacerse exámenes para descartar una enfermedad terminal. “Esa palabra: cáncer”. Su sonrisa se borró inmediatamente, cerró sus ojos, los apretó un poco y volvió a abrirlos. Guardó un poco de silencio y continuó.

“Fue difícil. Visitas con el oncólogo y un proceso doloroso. Lo que siempre me mantenía eran, primero, los hijos, el seguir luchando por los hijos, y segundo me distraía vendiendo maquillaje, publicando en la página, pagando publicidad. Eso me entretenía mucho”, relató.

Buscando nuevas alternativas de negocio, una de sus amigas en Facebook le abrió otro abanico de posibilidades de superación. Su amiga promocionaba una marca de zapatos, pero ella sabía que, al preguntarle, no podría conseguir el contacto directo para volverse una distribuidora de la marca.

Así que, buscó entre los comentarios y logró contactarse con el personal de la tienda con quien obtuvo más información. Con $5 y sin pensarlo, Joselin se volvió distribuidora de la marca. “Ni lo consulté con mi esposo. Ha sido una de las decisiones más compulsivas, pero fue una de las mejores decisiones que he tomado”, exteriorizó, una leve curva se dibujó en su rostro.

La joven que terminó su carrera y se graduó como Licenciada en Ciencias Jurídicas, cuenta que sus primeros clientes fueron sus contactos en Facebook, sus conocidos, vecinos, amigos que lograron ayudarle a hacer un pedido de 34 pares. Pero la suerte no era del todo buena. La pandemia también llegó a los productores de las sandalias y cerraron por un tiempo.

El recuerdo de ese instante la forzó a hacer una pausa y la siguiente frase que expresó ya se escuchaba entre cortada. “Fue un momento bien difícil”.  Sus ojos achinados y café oscuros se llenaron de lágrimas. Logró decir “perdón”. Suspiró, tomó aire y siguió narrando su historia.

En su momento, su esposo se deprimió, por no poder cumplir con los compromisos en el hogar. ¿Qué vamos a hacer?, le preguntaba. Pero Dios nunca dejó de proveer. “Siempre yo pensaba, lo que viene será mejor. Esto va a pasar. Siempre me he visualizado económicamente mejor, sin tantas necesidades y en esos momentos de crisis siempre quise alentarlo y Dios nos ha bendecido”, comenta y, sigilosamente, observa para el techo del café, en señal de agradecimiento al Señor.

Joselin pasó de ser una distribuidora, con un pedido de 34 pares de la marca, a lograr colocar 700 pares y afirma que la estrategia principal, ha sido proyectarse y superarse a sí misma. Detalla que al principio hubo muchas dificultades, pero las ganas de tener éxito la impulsaron cada día, ponerse una meta y superarla.

Joselin Villalta junto a otras emprendedoras.

Recuerda que la primera vez que llegó a la distribuidora, ni siquiera quiso bajarse del vehículo, pero el dueño de la marca quiso conocerla. Ahora, es uno de los principales impulsadores de su proyecto, motivándola a que crezca, se prepare y pueda cumplir sus sueños. 

“Yo no daba un cinco por Villalta”, me dijo recientemente, pero, no es por nada, ahora soy la que más calzado les vendo, pero todo eso implica sacrificio, desvelo, mis hijos, pero todo al final vale la pena. Todo trae sus resultados”, reconoció.

Los sueños se cumplen poco a poco

Llevar la crianza de sus dos hijos, de 7 y 2 años, destinar tiempo para trabajar desde casa y además cumplir con sus tareas, es el día a día de Jocelin. Se levanta muy temprano para enviar a su hijo más grande a la escuela.

Ella afirma que tomar el baño de la mañana hace que el día fluya, porque se siente con energías, motivada y dispuesta a enfrentar los retos. Comenta que una de las cosas más difíciles ha sido separar su vida familiar, con la laboral.

“Con los niños afecta o afectó en su momento. El niño me dijo “mamá, es que vos solo en el teléfono pasás”, entonces me tocó sentarme con él y explicarle que yo no salía a vender como la señora de los tamales, como la señora de las paletas, yo vendo con las personas que me escriben en Facebook, en internet, en mi WhatsApp. El me hizo el reclamo como que yo pasara viendo videos y no trabajando”, rememora.

En un momento, Joselin reconoce que su vida familiar casi se le sale de las manos. El estrés de contestar hasta 165 mensajes, la poca atención a sus hijos y su esposo y el tiempo para el estudio y ella misma, le hicieron una mala jugada. Su hijo, se enfermó de gravedad, haciéndola tomar una decisión contundente.

“Me gusta aprender. No me gusta estar estancada, además quiero ayudarle a la gente a crecer. Yo creo en las posibilidades que existen en el país y ayudarles a través de lo que conozco”.

Según expresa, estableció un horario de trabajo donde se dedica exclusivamente a contestar mensajes, vender sus productos y atender a los clientes. En otras horas del día, le dedica tiempo a la cocina, a los niños y sus tareas y, por la noche cuando sus hijos ya están dormidos, le dedica tiempo a su esposo, a realizar un par de publicaciones en sus redes sociales y a participar en las clases de su maestría.

En los fines de semana, o en algunos tiempos libres, Joselin también prepara a su equipo de trabajo. Su filosofía es siempre preparar a sus distribuidoras para motivarlas y que, cuando existan malos momentos, puedan superarlos.

Por eso decidió estudiar su maestría en Marketing Digital. Con sus clases ha aprendido muchas herramientas que le permiten promover sus productos, promocionarlos, establecer estrategias y adaptarse al mercado.

“Yo sabía que esto (problemas) iba a pasar, pero no sabía que Dios me iba a dar tanto, hasta poder pagar una maestría. Si ni siquiera teníamos para la comida, ¿cómo iba a pagarme algo así?”, reflexiona.

Su pasión es tan grande, que ese conocimiento también lo inculca en las personas con quienes trabaja.

Pero sus habilidades para la comunicación fueron descubriéndolas poco a poco. Jamás se imaginó ser ella la protagonista de un video para tik tok. Recuerda que molestaba a su sobrina cada vez que la veía grabando uno y le decía que nunca lo haría, que le daba pena.

Ahora, es una de las impulsadoras de la marca Danna a través de esa plataforma. Sus videos creativos, divertidos y promocionales, son el boom de sus redes sociales. Su carrera, también le ayudó a perfeccionar sus habilidades y ampliar sus alternativas de trabajo y comercialización de su producto.

Obstáculos que terminan siendo emprendimiento

El trabajo constante, con esmero, dedicación y esfuerzo, tienen recompensas y ver oportunidades de empleo de los obstáculos es una de las visiones de Joselin. Su esposo, quien antes de la pandemia se dedicaba a enseñar música, también vio una oportunidad de emprender.

La joven mujer recuerda que, en un tiempo, todo lo que se publicaba se vendía, porque las personas que se encontraban en casa, encerrados, se entretenían buscando productos en las redes sociales y al menos, el contacto con un repartidor era satisfactorio, al igual que recibir algo que habían comprado.

Mientras la pandemia estaba en auge, y los salvadoreños en cuarentena, Joselin necesitaba de repartidores o mensajeros para hacer llegar los productos que vendía hasta la puerta de la casa del cliente. En algunas ocasiones tuvo que quedar mal porque muchos de los motociclistas estaban ocupados o dejaron de trabajar. La cuarentena, fue una oportunidad para la familia.

Por eso, invitó a su esposo a que llevara él los paquetes. “En ese momento, todo lo que quedara en casa era bienvenido”. La joven emprendedora recuerda que eran al menos ocho paquetes que ella enviaba todos los días, que al final, se traducía entre $5 y $10. Pero ese fue el inicio de otro gran proyecto.

Poco a poco, y en las entregas que su esposo realizaba, logró hacerse de más clientes, más entregas, más fama, hasta que ya no pudo continuar solo y tuvo que expandir su negocio y contratar a más personal para cumpliera con las encomiendas que solicitaban.

El esposo de Joselin ya no trabaja de maestro de música y ambos se complementan en el trabajado del día. Incluso, la madre de dos niños afirma que, en ocasiones, también debe de ayudarle con una ruta, para poder cumplirle a los clientes. 

“De verdad que Dios nos ha bendecido. Hemos hecho todo por salir adelante, pero de la mano de Dios, con el sacrificio de algunas cosas, todo se puede, todo se logra”, concluyó.

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